La dualidad entre el trato de la realidad por parte de la emulsión fotográfica y por los sensores de una cámara digital se hace patente: en la emulsión fotográfica vive una huella de la realidad, huella palpable impresa por la luz en el negativo y que el positivo, al necesitar de la misma luz, devuelve parte de la realidad que capturó en forma de analogías y relaciones. Por el contrario la imagen digital se pertenece a sí misma y aunque se origina con la captura de fotones por los sensores, enseguida esta captura es matematizada, digitalizada, cosificada y luego transformada una y otra vez sobre sí misma olvidando por completo su origen.