ENTREVISTAS
Director de Documenta Madrid 09
Última actualización 14/09/2009@23:44:45 GMT+1
Ciento siete películas en la secciones competitivas, homenajes a Manuel Summers, Manuel de Oliveira y Santiago Álvarez, retrospectivas sobre Frederik Wiseman, Chris Marker y Andres Veiel, clases maestras, publicaciones, coloquios y un largo etcétera de ciclos y actividades es el viaje que ha propuesto la sexta edición de Documenta Madrid. Antonio Delgado, director del festival, ha conversado con nosotros sobre el pasado, el presente y el prometedor futuro del cine documental, los documentalistas y Documenta Madrid.
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Has dirigido el festival desde sus orígenes, ¿con qué espíritu nació?, ¿qué referentes y qué inquietudes te motivaron para desarrollar un proyecto como Documenta Madrid?
En 2004, cuando aterrizo en el ayuntamiento de Madrid, ya tenía una trayectoria vinculada a los festivales de cine. Antes trabajaba en la Comunidad de Madrid, en el equipo de Gallardón, donde había creado una muestra, que aún sigue funcionando, para los cortometrajes subvencionados por la Comunidad de Madrid. De ahí di el paso al mundo de los festivales creando Animadrid. Se me planteó la oportunidad de pensar en alguna actividad dentro del área de las artes del ayuntamiento y se me ocurrió la idea de crear un festival de documentales, ya que en 2004 sólo existía Docupolis en Barcelona, aunque los grandes festivales de ficción, como Valladolid o San Sebastián, incluían e incluyen documentales entre sus títulos. Desde entonces hasta ahora se ha producido un boom, una efervescencia total y creo que hay unos quince festivales de documentales en España, lo que es muy significativo.
Durante cuarenta años lo más parecido al documental que se hacía era el NO-DO, que estaba más cerca de un noticiario cinematográfico. En España no había trayectoria de documental ni documentalista, muy escasos fueron los cineastas que trabajaron este cine: Buñuel en Las Hurdes, Carlos Velo, Summers, al cual hemos hecho un homenaje este año con Juguetes rotos. Sobre todo con la democracia empiezan a surgir documentalistas. El caso de Javier Rioyo y José Luis López-Linares, que consiguieron estar en las salas de cine con Asaltar los cielos, fue el primer caso significativo que aguantó un cierto tiempo en las salas de exhibición y empezó a llevar público.
Coincidió con el fenómeno extranjero de Michael Moore y con la producción masiva para muchas televisiones que empezaban a demandar estos trabajos. Cada vez el documental ha sido más valorado en las escuelas de formación audiovisual, donde casi se hablaba en exclusiva del cine de ficción. Con todo esto creí que era un buen momento para hacer un festival de documentales interesante e intentar acercar al publico español, madrileño, a la sensibilidad que tiene el público francés, holandés, belga…, que está muy acostumbrado a ver documentales en las salas de cine casi de la misma manera que ven las películas de ficción. La apuesta fue intentar convencer a los productores, desde el festival, de que produjeran documentales, a los distribuidores de que lo distribuyeran y a los exhibidores de que lo exhibieran y, poco a poco, avanzar en nuestro objetivo. Cada vez la producción es mayor, este año pasado creo recordar que nos han llegado ciento noventa y cinco películas españolas, que es una barbaridad en relación a la producción de hace unos años.
La idea era intentar demostrar que el buen documental cinematográfico se puede ver en salas de cine igual que cualquier película de ficción, que puede emocionar de la misma manera y que no es un mero reflejo de la realidad, sino que evidentemente detrás de cada película documental hay un director, con un criterio, un punto de vista y una narrativa propia que emplea para contar una historia. La única diferencia que hay con el cine de ficción es que en la ficción se trabaja con elementos extraídos de la fantasía de un guionista y aquí se trabaja en su mayoría con elementos extraídos de la realidad.
¿Es significativo que el Ayuntamiento de Madrid apueste por una iniciativa como ésta cuando la capital no tiene un gran festival de ficción?
En Madrid capital hay cerca de treinta festivales de cine que pasan muy desapercibidos, son festivales que no trascienden. El que más público tiene tras DocumentaMadrid es el Festival de cine gay y lésbico, con unos espectadores muy fieles, pero no va más allá de ese sector. Hay otro festival dedicado a la imagen cinematográfica que es MadridImagen, y tampoco llega mucho más allá de los profesionales de la fotografía. Así ocurre en la mayoría de los casos.
La apuesta del ayuntamiento era hacer un festival potente que se convirtiera en el referente nacional del mundo documental. Creo que si hubiésemos hecho un festival con quince películas muy interesantes, selectas, hubiésemos captado a una minoría de público. Una de las pretensiones de Documenta Madrid era conformar un abanico tan amplio como los posibles espectadores, intentando que cada espectador encuentre su película dentro del festival, ya que hay una diversidad tremenda. Hay ciclos que van desde Manuel Summers, un personaje mas accesible para el gran público, hasta Chris Marker o Frederick Wiseman.
Intentamos abarcar público de todas las edades, por lo que una de la apuestas del festival es “Documenta va al cole”, una sección que intenta acercar el cine documental a los más pequeños. Vamos a un numero limitado de colegios y hacemos proyecciones y coloquios, enseñándoles que el cine documental es igual que el cine que ven en sus casas o en las salas comerciales. Recuerdo estar en proyecciones de Nanook el esquimal en las que los niños se reían, preguntaban y comentaban detalles, lo cual quita el velo de la seriedad, de lo oficial que tiene el documental. Para mí es la experiencia más gratificante del festival, estos niños serán futuros espectadores y futuros cineastas. La realización de documentales es lo que los jóvenes cineastas tienen más cercano.
¿Qué novedades destacarías de DocumentaMadrid 2009 con respecto a las ediciones anteriores?
La novedad más importante de 2009 es que este año hemos dado el salto a pedir estreno, no como en ediciones anteriores que teníamos películas que habían pasado por otros festivales. El haber estrenado las últimas películas de directores de prestigio como Nicolás Echevarría, Juan Carlos Rulfo o Claudio Moreiras nos llena de orgullo. Los realizadores internacionales de prestigio nos empiezan a considerar como el festival de referencia documental en España.
¿Crees que cada vez hay más autoría dentro del cine documental, que los realizadores no tienen pudor en mostrar su intervención?
Sí, cada vez es más difícil de deslindar la línea entre ficción y documental. En ocasiones, como en este año, teníamos una película que es más ficción que documental, pero estaba narrando un hecho sucedido realmente. También hemos tenido el ciclo del cineasta alemán Andres Veiel, cuya película Der Kick está basada en una obra de teatro escrita por él y protagonizada por dos actores que interpretan muchos papeles de un hecho real que sucedió, un asesinato por causas raciales en Alemania. El director se entrevistó con los procesados y con las familias y analizó todo lo ocurrido, ¿es eso cine documental?, quizás no, pero trata sobre un hecho real y lo transmite de la manera más fiel que ha podido.
En la edición anterior un realizador dio una conferencia y comentó que si trazásemos una línea recta imaginaria entre un reportaje periodístico informativo y una película de ficción para todos los públicos, a lo largo de esa línea se situaría el documental, ¿dónde?, depende, una veces estaría más cercano a la realidad y otras a la ficción. Esta simbiosis se está produciendo en los dos sentidos. El documental está absorbiendo elementos de la narrativa de ficción y, por otra parte, y creo que más importante, muchas películas de ficción están chupando del documental. Algunas películas de guerra intentan parecer que son reportajes de guerra, es un intercambio mutuo. En algunos casos, como el de Wiseman, en el que está mucho tiempo filmando, consigue que los personajes filmados, en ciertos momentos, se olviden de que hay una cámara. Siempre hay una alteración, por causa de la cámara o por causa del montaje, ya que detrás está el punto de vista del director, por lo que habrá elementos de ficción.
¿Por qué crees que la sensibilidad de los documentalistas siempre está más cerca de los desastres, de la desgracia y de la denuncia que de las construcciones positivas del ser humano?
Forma parte de la base desvirtuada de vincular el documental a la información, porque en los telediarios casi siempre se dan noticias malas, porque en los periódicos se cuentan cosas tremendas, porque la felicidad y lo positivo a lo mejor no vende. Ésa era una de mis obsesiones. La mayoría de las películas son serias, trascendentes y denuncian problemas sociales, problemas reales que ocurren en todas las partes del mundo. Creo que es inherente al documentalista intentar cambiar la realidad, que sus películas sirvan como un arma para intentar mejorarla, pero también hay otras visiones que simplemente reflejan las realidades y muchas veces éstas son muy divertidas. Empecé a investigar y vi que no había muchos estudios sobre el tema, en España ninguno, y le propuse a Gonzalo de Pedro que escribiese unos de los libros que edita este año el festival, de donde salió el ciclo ‘La risa oblicua’, que es un estudio muy interesante acerca de la incidencia del humor en el cine documental. Algunas películas utilizan los dos elementos, como las de Michael Moore o Al Gore. Este año teníamos una película sobre el campeonato mundial de pulsos, el mayor drama era que ganase o perdiese una persona.
¿Es complejo mantener un alto nivel entre 107 títulos, que abarcan las secciones a competición, elegidos entre una lista de 1078?
Lo más duro del festival es hacer la selección, ya que hemos contado con trescientas películas, de las cuales doscientas son las que forman los ciclos. Dejar fuera más de novecientos títulos es muy duro, porque se quedan en el camino muchas películas que son muy buenas, lo difícil es dejar fuera películas tan buenas como las seleccionadas. El primer criterio es la calidad, desde un punto de vista estilístico y temático, ya que a veces es la narrativa inusual la que preponderamos, y otras veces es el tema. Intentamos seleccionar lo más interesante y lo más diferente.
¿Cómo crees que está el panorama del cine documental a nivel nacional e internacional?
En algunos países la producción es nula, casi como en el nuestro hace unos años. En Francia la producción documental es aceptada con absoluta normalidad en las salas de cine y en España nos vamos aproximando a pasos agigantados. A veces surgen proyectos brillantes como El cielo gira, de Mercedes Álvarez, que ha tenido un funcionamiento espectacular en festivales internacionales. Creo que los que están fallando son la distribución, la exhibición y los espectadores. El exhibidor programaría más cine documental si los espectadores acudiesen en masa a los cines, pero los espectadores no van porque no se les programa, por lo que hay que trabajar muy poco a poco para ir introduciéndolo en nuestras salas y que el público lo acepte con cordialidad y normalidad.
¿Cómo es la acogida del festival entre el público activo?, ¿supone una ventana abierta al mundo o se observa con cierta distancia y escepticismo como gran parte del cine de ficción?, ¿supone internet la auténtica ventana al mundo abierta para los espectadores?
Sin duda un festival de cine es una ventana abierta al mundo, a muchos mundos, a los muchos mundos posibles, y yo creo que en el cine documental las ventanas que se abren son más directas que en el cine de ficción. Ejemplos de películas hollywoodienses que ocurrían en España, como Sangre y arena, son visiones muy deformadas de la realidad. Cuando un documentalista habla de España esta rodando en España, por lo que la visión de la realidad es mucho más cercana de lo que puede ser en el cine de ficción. Internet es una de las herramientas que tenemos que utilizar todos, tenemos que ir poniendo nuestras películas en internet o dando la posibilidad de que allí se vean, pero desde los festivales no podemos dejar de reivindicar la figura de la sala de cine y el fenómeno social que se produce, ya que internet es un acto privado y un festival es un acto público. La ventaja de un festival es que no sólo ofrece la posibilidad de ver el trabajo realizado, sino también de entrar en contacto directo con los realizadores. Tenemos todas las mañanas en el festival los encuentros con los realizadores en la librería Ocho y medio y también en el centro cultural Conde Duque.
Documenta Madrid es un punto de encuentro, una fiesta, la fiesta del documental, donde los realizadores pueden encontrarse con productores y llegar a acuerdos de trabajo, producir películas en común, conocer a los distribuidores y conocer al público. El público puede ir más allá del visionado de la película e interesarse por cómo se ha realizado el trabajo. Si la película te abre una contraventana hacia el mundo, el estar en el festival y hablar con el realizador y con el equipo que ha hecho esa película te abre la otra contraventana, es decir, ya tienes la ventana abierta completa.
¿Cuál es el balance final de Documenta Madrid 09?
El balance es positivo y tenemos muchas ganas de empezar a trabajar en la edición de 2010. Cada año damos un paso adelante gracias a los medios de comunicación y al público. Las bases de participación de 2010 ya están en la web.
Documenta Madrid dura siete días, pero el archivo Documenta está abierto todo el año, ubicado en el centro cultural Conde Duque, donde se pueden visionar las películas de todas las ediciones, las que han pasado por las secciones competitivas del festival y todas las que han sido enviadas.