Última actualización 30/09/2009@12:04:56 GMT+1
En el número de septiembre de Cameraman publicamos un extraordinario artículo sobre REC2 elaborado por el propio foquista y DIT de la película. También contaremos con un artículo doble sobre Gordos, una entrevista a Daniel Sánchez Arévalo y otra al director de fotografía, Juan Carlos Gómez, que también firma la fotografía de Agallas, recogida igualmente en este número. Y no podemos olvidar el suculento análisis de Alfonso Parra sobre la sensibilidad y el índice de exposición de la RED ONE.
Agallas, opera prima de Samuel Martín Mateos y Andrés Luque, posee un tono que va desde la estética lúgubre madrileña, ambiente del que proviene el protagonista, hacia la opulencia y el colorido de los escenarios gallegos en que se mueve el mafioso. Juan Carlos Gómez, director de fotografía, nos confiesa que buscaba precisamente eso, un contraste lumínico, pues los mundos de uno y otro son muy distintos. Y esos dos mundos están ahí como con dos tipos de luces. En el metraje no se advierte una luz homogénea, de un solo tono, siempre hay un contraste. Y también se juega a menudo con una mezcla en la temperatura de color. Al estar rodada con la Sony F900R fue necesario llevar muy hecha la imagen a postproducción, a fin de que a la hora de etalonar, como se reduce el margen de manipulación, no adquiriera un tono artificial.
REC2, después del éxito rotundo de REC, era una de las películas más esperadas, y no sólo por su argumento y los sustos que nos iban a proporcionar Balagueró y Plaza, sino por saber cuáles habían sido las claves de rodaje, dado el experimento tan positivo que supuso la primera. Teníamos curiosidad por cómo se había maniobrado con la cámara dentro de la casa y, sobre todo, cómo se había iluminado. La luz es un elemento fundamental en el género de terror. Ese juego entre lo que está en penumbra y de repente, por una entrada de luz –ventanas, puertas, bombillas…-, se muestra de forma desasosegante. Pero REC 2 no se ciñe a este planteamiento académico. Al margen de una iluminación que proviene del exterior del edificio, como el interior está a oscuras, son los propios actores quienes portan el material de iluminación como parte del atrezzo: Leds en el pecho, que forman parte del vestuario del grupo especial de la policía, antorcha en cámara –un personaje más– y linternas. De esta forma, los vertiginosos planos secuencia conjugados con esta coreografía de luz intermitente, nerviosa y volátil, confieren a la película una personalidad indiscutible.
Daniel Sánchez Arévalo salta al vacío con Gordos, una película poliédrica y descomunal, de tema candente y protagonismo coral, rompiendo los cánones estilísticos por los que había apostado en su debut con Azul Oscuro Casi Negro. Excesiva, barroca y mordaz, Gordos es una propuesta insólita para el cine español, la demostración de que en nuestro país todavía se pueden realizar películas ambiciosas que conjuguen la complejidad narrativa con la osadía estética, y confiando además en el trabajo de los actores (y actrices) como vehículos para transmitir emociones.
Más que interesante resulta el trabajo desarrollado por Alfonso Parra con la RED ONE para analizar la sensibilidad y el índice de exposición de la cámara, una controversia que está en boca de todos los operadores de cámara y técnicos HD.