Sinopsis
Gran Reserva es una mezcla de melodrama y thriller. Una historia familiar que gira en torno a dos familias de bodegueros riojanos: los Cortázar, representados por su patriarca Don Vicente, que consideran el vino como un lucrativo negocio; y los Reverte, encabezados por Doña Sofía, que creen que la viña y la tierra son una forma de vida. Pese a las diferencias, ambas familias viven en un equilibrio que se rompe de forma drástica cuando alguien intenta asesinar a Miguel, el primogénito de los Cortázar.
Entre viñedos
Cuando a Jacobo Martínez le ofrecieron hacerse cargo de la fotografía de Gran Reserva, no se lo pensó demasiado: “yo acababa de hacer Guante blanco con la misma productora (Bambú Producciones) y había trabajado muy a gusto, pues el equipo era muy majo, teníamos muy buen feeling; así que este nuevo proyecto era la opción que más me apetecía hacer en ese momento, tanto por el producto en sí como por la gente que iba a participar en su elaboración”. El director de fotografía se incorporó a la serie en julio de 2009, aproximadamente un mes antes de que comenzase el rodaje; durante esta fase de preproducción tuvo lugar una intensa búsqueda de localizaciones: “vimos muchos sitios en Ribera del Duero, también algunas zonas de Madrid que estaban muy bien, pero claro, luego llegó La Rioja y se acabó la competencia. No sólo por la espectacularidad y extensión de los viñedos (los que rodamos pertenecen a una bodega que se llama Valpiedra, y se extiende sobre unas 80 hectáreas, aquello es inmenso, pero como esas bodegas hay muchas otras en toda la comunidad), sino también, y sobre todo, porque nos pusieron las cosas muy fáciles. Nosotros rodábamos en un pueblo, Briones (“Lasiesta” en la ficción), cuyo acceso es un poco complicado, pues está en lo alto de una colina, los caminos son estrechos y te tienen que abrir determinadas zonas. Normalmente no se pueden subir camiones, hay que utilizar furgonetas, pero en nuestro caso hicieron una excepción. A todo esto se unía que los traslados dentro de las fincas eran muy cómodos, así que todas estas facilidades y buena disposición por parte de la gente de allí hicieron que, sin ser malas las demás opciones, nos decantásemos por La Rioja”.
Gran parte de las pruebas de preproducción consistió en el rodaje de diferentes planos de los viñedos a lo largo de tres días, “para ver cómo daban esos grandes exteriores; porque es cierto que La Rioja es muy bonita, pero hay que buscarle bien el ángulo de cámara, porque al ser la tierra tan llana y la vid tan densa, llega un punto en que si no angulas bien, todo se convierte en un manto verde que podría estar compuesto de viñedos o de lechugas, porque no notas la diferencia. Hay que buscar los renques (hileras de cepas), la angulación buena para retratar la vid, y también la orientación del sol más adecuada, porque cuando la luz le cae muy frontal se aplasta todo”.
El resto de localizaciones naturales se distribuían en un círculo bastante amplio (Segovia, Aranjuez, carretera de La Coruña), lo que hizo que se emplease bastante tiempo en los desplazamiento, aunque esto se compensaba con el rodaje en un plató de unos 1500m2, en el que se construyeron los interiores que aparecen en la serie con mayor frecuencia: casas y bodegas de las dos familias y oficinas de los Cortázar.

Izquierda: Uno de los objetivos en la dirección fotográfica era que las actrices salieran bellas. Foto fija. Derecha: Fotográficamente se buscaba la profundidad entre las distintas dependencias de la casa. Foto fija. Fotos: ©Manuel Fernández-Valdés.
Fotografía sin estridencias
La premisa estética más importante de Gran Reserva, que compartían productor ejecutivo (Ramón Campos), director (Carlos Sedes, que dirigió siete de los 13 capítulos, y a quien más tarde se unirían Eduardo de Armiñán y Salvador García) y director de fotografía, era la de crear una serie lo más “bonita” posible: “teníamos que conseguir un producto atractivo para el espectador”, explica Jacobo, “que no fuera complicado de ver, que resultase agradable al ojo. Para ello había que retratar los paisajes riojanos de la forma más espectacular posible, resaltar la belleza de nuestras actrices (algo bastante fácil, pues eran todas guapísimas), hacer una fotografía “dulce”, que engatusara a la audiencia; porque hay fotografías muy buenas, pero que son agresivas, incómodas, sobre todo para televisión, y estoy convencido de que pueden hacer que la gente cambie de canal”.
Uno de los elementos clave para alcanzar este objetivo fue la elección de la paleta de color: “desde el principio se marcó, tanto con dirección artística como con vestuario, la intención de darle a la serie unos tonos que recordasen un poco a los años 50”, nos cuenta el director de fotografía; “íbamos a trabajar con mucho color, pero no queríamos que fuese ‘radiactivo’, sino agradable, suave, un poco como el Technicolor cuando empezaba”. Las pruebas de etalonaje también fueron en esa dirección, y TVE se mostró encantada con el resultado, “porque era diferente, parece que siempre se tiende a desaturar, y nosotros buscábamos todo lo contrario, darle vida a la serie a través del color”. Además de remitirnos a otra época, el cromatismo de Gran Reserva mantiene una estrecha relación con la enología: profusión de madera en los decorados, de tonos similares a los de las barricas; paredes en tonos vino, camisas verde botella, gran cantidad de tonos tierra en el entorno de los Reverte, tan apegados a los métodos vinícolas tradicionales... “No creo que el espectador lo note conscientemente, pero pienso que la fotografía funciona mucho a nivel de subconsciente”, explica el operador.
La planificación también ayudó a crear esas imágenes armoniosas que debían servir de reclamo para quien se sienta delante del televisor, con encuadres muy cuidados y elegantes movimientos de cámara. “Sólo utilizamos un plano de steady, no porque no nos gustase cómo habían quedado los demás, sino porque por historia no funcionaban bien. Llevábamos dos grúas, una pequeña y una grande (la Panther Pegassus) y tuvimos la suerte de contar con Edmundo Sanz como jefe de maquinistas, así que disfrutamos mucho con los planos de grúa”.
Otra pauta visual que se marcó en preproducción fue la de que la fotografía debía reflejar el arco dramático de la serie, cuya evolución presenta cierto paralelismo con el ciclo estacional de los viñedos. “La serie empieza un poco antes de la vendimia”, nos cuenta Jacobo, “con la viña en todo su esplendor, verde, preciosa, cargada de uvas; y termina en febrero, cuando los viñedos parecen un decorado de Tim Burton, con cepas y sarmientos de aspecto fantasmagórico. Y este cambio se refleja también en la trama y en la atmósfera de la serie; el ciclo de la vid es un poco el ciclo de la fotografía de Gran Reserva, de hecho comenzamos a rodar en Agosto porque no podíamos retrasar más el rodaje si queríamos plasmar visualmente ese cambio”. Por otro lado, la iluminación también desempeñó un papel importante a la hora de potenciar el carácter de los personajes: “a Don Vicente, por ejemplo, lo veíamos como un personaje lleno de claroscuros; Gustavo es más primario, y quisimos potenciar su lado animal mediante una luz más cenital; Paula representa la belleza, e intentamos darle una luz más envolvente, más Paramount; con Miguel jugamos a la ambigüedad, tiene momentos luminosos y una parte más oscura, que no se sabe si va a aflorar o no, así que su fotografía está menos definida... La idea es que la iluminación tenga un sentido; a mí no me gusta el claroscuro porque sí, porque ‘es muy bonito’, en mi opinión debe obedecer a algún motivo”.
En cuanto a referentes, el director de fotografía nos confiesa que no le gusta partir de referencias muy claras, sino ofrecer una visión lo más “limpia” posible, que obviamente no se puede desligar del bagaje visual acumulado a lo largo del tiempo: “me gusta ver muchas cosas y olvidarlas, y que luego surja algo a partir de todo lo que he ‘olvidado’. No me gusta llevarle una secuencia o plano al director y decirle ‘quiero esto’, me parece que eso es copiar. Referencias siempre tienes, para mí un referente clave es Conrad Hall, pero no para esta serie, para todo; pero tampoco quiero hacer los planos que hacía Hall, porque ya los rodó él de forma insuperable. Pienso que cada operador debe aportar su propia personalidad”.
Ficha técnica:
Relación de aspecto: 16:9
Cámara: Sony HDW-790P
Óptica: Zeiss DigiPrime T1.6, Zeiss DigiZoom 17-112mm T1.9
Artículo completo publicado en el número 42 (junio) de Cameraman