Marzo 2010    
6/119
PRAXIS
Por Alfonso Parra AEC
Última actualización 03/08/2009@19:02:27 GMT+1
La dualidad entre el trato de la realidad por parte de la emulsión fotográfica y por los sensores de una cámara digital se hace patente: en la emulsión fotográfica vive una huella de la realidad, huella palpable impresa por la luz en el negativo y que el positivo, al necesitar de la misma luz, devuelve parte de la realidad que capturó en forma de analogías y relaciones. Por el contrario la imagen digital se pertenece a sí misma y aunque se origina con la captura de fotones por los sensores, enseguida esta captura es matematizada, digitalizada, cosificada y luego transformada una y otra vez sobre sí misma olvidando por completo su origen.



A veces, en mis clases, les propongo a los estudiantes un ejercicio que consiste en entregarles una fotografía digitalizada realizada por mí a cada uno de ellos, para que en su ordenador la vean y la modifiquen lo que quieran. La imagen suele ser la de un muro de piedra cubierto de musgo sobre el que reposa el tronco de un árbol. No deja de sorprenderme que normalmente a ningún estudiante se le ocurre la idea de no intervenir la imagen, y sólo aquellos que estaban ocupados y no habían tenido tiempo no realizaron modificación alguna. Con herramientas como el Photoshop u otras similares, todos suelen cambiar la imagen, de formas muy distintas, acentúan el color, rebajan el detalle o aumentan el contraste, crean texturas, etc.

Luego de ver las modificaciones, les enseño la imagen positiva en papel de aquel negativo, sobre la que no se puede actuar y que es fiel reflejo de la sensación que yo, como fotógrafo, tuve al mirar aquel paisaje. Y sin duda la foto en papel dice mucho más de lo que era aquel árbol cubierto de musgo, de la melancolía y la soledad, que todas las modificaciones de la imagen hechas por los estudiantes, que consiguen una realidad propia, pero en el fondo carente de interés para los demás, pues construyen la imagen desde un subjetivismo indiferente que ha encontrado en el digital su mejor herramienta.

La realidad a la que se refería dicha foto desaparece con sus intervenciones y la imagen en sí se configura como expresión de cada uno de aquellos que la modifica. La imagen es, en sí misma, realidad representada, expresión independiente de a lo que se referenciaba. Ya no importa el lugar al que la imagen se remite sino la imagen en sí misma, como manifestación del que la crea.

La palabra “analógico” viene de análogo, termino que expresa relación de semejanza entre cosas distintas. Según del diccionario María Moliner: “Se aplica, respecto de una cosa, a otra que, en algún aspecto o parte, es igual que ella”. Digital hace referencia a los números dígitos y en particular a los instrumentos de medida que se expresan con ellos. “Susceptible de ser expresado en cifras, o sea, contable” (M. Moliner).

La imagen digital es el molde que se saca de la huella, representación formal exacta de los contornos, de la profundidad, en definitiva de la forma. La huella misma es lo analógico; la realidad de la huella se relaciona con el entorno y se hace huella por relación con el ser que la creó. La visión del molde aporta datos pero en sí mismo no remite o se relaciona con lo que la originó.

En la emulsión fotográfica vive una huella de la realidad, huella palpable impresa por la luz en el negativo y que el positivo, al necesitar de la misma luz, devuelve parte de la realidad que capturó en forma de analogías y relaciones.

Por el contrario la imagen digital se pertenece a sí misma y aunque se origina con la captura de fotones por los sensores, enseguida esta captura es matematizada, digitalizada, cosificada y luego transformada una y otra vez sobre sí misma olvidando por completo su origen. La imagen digital abstrae y racionaliza olvidando nuestro pensamiento visual, el que desarrollamos por ver, el analógico. Así, las imágenes digitales aspiran a cierta perfecta racionalidad, cierto ideal “cartesiano” que las hace artificiales, irreales. Una imagen digital “perfecta”, “científica”, ¿no implica la muerte de la realidad representada? Los resultados del experimento con mis estudiantes parecen dar una respuesta afirmativa a esta pregunta. Sin querer entrar en precisiones técnicas, en la emulsión fotográfica, todos y cada uno de los haluros de plata (granos) que la forman reciben luz o no, y los granos están distribuidos en tres capas sensibles (mediante filtros incorporados) cada una al rojo, al verde y al azul respectivamente.

Dada la imposibilidad de la perfección, cada capa tiene una ligera contaminación de las otras dos, además la emulsión es sensible a la luz de forma logarítmica, como nuestra visión. Un sensor digital CMOS o CCD con patrón Bayer (un mosaico de filtros de color RGB que se colocan sobre cada píxel, de tal foma que hay más píxeles sensibles al verde que al rojo y al azul) calcula el color de la imagen utilizando la información disponible de cada píxel en relación con los que le rodean, creando así una matriz matemática de color expresada en 0 y 1, y por último, la sensibilidad de los sensores es lineal, es decir, el sensor digital a una cantidad de luz determinada genera una señal eléctrica proporcional, si la cantidad de luz es el doble de un valor dado, la señal también es el doble y así sucesivamente. ¡Afortunadamente nosotros no vemos de esta forma, estaríamos todo el día deslumbrados y ciegos! Pero como señala Otl Aicher citando a Wittgenstein: “Wittgenstein anota que la matemática es un invento, no un descubrimiento. El lenguaje es una herramienta no un retrato. Y las herramientas no son retratos de los mecanismos de la naturaleza.”

Lo analógico está más cerca del fenómeno que crea la realidad que fotografiamos. Una imagen en la que la realidad se refleja haciéndose luz retenida y luego revelada para iluminarse de nuevo en la proyección. La imagen digital ya desde la cámara se desliga de la luz para “racionalizarse”, matematizarse y convertirse en lógica distribución de luces y sombras, no representado lo que fotografiamos sino emulándolo. La imagen digital está diseñada por técnicos, ingenieros que someten, “ajustan” la realidad a sus cálculos y condiciones “ideales” olvidando el fenómeno, la individualidad y originalidad de cada suceso.

Pensemos, por ejemplo, que el negro de un positivo proyectado desde un sistema analógico sobre una pantalla blanca no tiene un límite definido, es un negro que invita a mirar más allá, que crea cierta profundidad al no desaparecer completamente por disolverse analógicamente con la luz del proyector que le traspasa. En digital el negro proyectado es un vacío, la nada, ausencia de información, siendo así el negro el limite real donde la imagen acaba, el muro que cierra por debajo como el límite del blanco lo hace por arriba. Parafraseando de nuevo a Aicher, “la imagen digital calcula la analógica evalúa”.

Como sabemos la imagen digital crea los distintos grises otorgándoles un valor numérico de 0 y 1, así el negro tiene valor 0 y el blanco valor 1, pero en realidad el negro para el digital es ausencia de luz, la “nada de luz” ¿dónde existe eso en la realidad?, ¿dónde se percibe un negro absoluto? Pocos han tenido la experiencia de un negro absoluto y aun así, si uno se encierra en una cueva y apaga la luz, la oscuridad es completa pero no por ello desaparece la sensación de espacio que en parte se encuentra dentro de nuestro cerebro.

En el negro digital no hay lugar al espacio oscuro, es simplemente nada. Una emulsión por el contrario en su densidad mínima muestra su cuerpo, su realidad física y transparente, el negro que la emulsión reproduce no es tanto un negro como un espacio ausente de luz o con muy poca luz, algo que se aprecia notablemente cuando se proyecta dicho negro en un proyector analógico. Si el negro en digital resulta de un cálculo matemático y por ende de “una ficción idealista” no lo es menos el blanco. En el mundo real no hay un blanco, hay infinidad de blancos de muchas y variadas intensidades y colores.
Sin embargo el sistema digital inventa un blanco que vale 1, 255 o 1024. De nuevo la emulsión es, con mucho, mejor reflejo de dicha diversidad, dando la posibilidad de establecer un diálogo, una relación entre los distinto blancos de la imagen con una verosimilitud muy lejos de la que proporciona el sistema digital.

La imagen analógica invita a no terminar en sí misma pues su propia condición le hace mezclarse con la forma en que vemos y pensamos, y si cabe es más honesta, pues aún en su imperfección se afana por parecerse a la realidad, por representarla, mientras que la imagen digital la suplanta: un lobo con piel de cordero. La imagen analógica, por simpatía con nuestra propia percepción del mundo, nos invita a mirar mientras que la imagen digital nos invita a intervenir, no en la realidad sino en la misma imagen y así crear un mundo propio, autista y no referenciado: “el medio es el contenido”.

La imagen digital nos enfrenta a la imagen en sí: un sistema cerrado con límites bien establecidos dentro de un mundo virtual que, por serlo, aspira a la perfección y por tanto a la separación de lo real, siempre analógico y caótico.

Quizá por eso la proyección digital es ya insuperable por la analógica, que incluye todos los “defectos posibles”: rayas, polvo, perdida de color de los positivos proyectados, desenfoques y en última instancia la visión misma del soporte de la imagen: el grano, la densidad mínima de la base. El digital, por el contrario, muestra imágenes limpias de todo soporte, ya que siendo virtual sólo existe como espacio matemático traducido a luz.

Aunque tanto en analógico como en digital creamos la imagen ajustando la realidad mediante la técnica fotográfica a las características del soporte, el segundo condiciona mucho más la imagen real que queremos representar, pues “la imagen ideal” a la que aspira lo digital somete a los espacios, con sus luces y sombras, a un corsé de apretadas coordenadas que finalmente presagia la desaparición de la verdad que hay en cada plano fotografiado. Sólo en los entornos virtuales, en la iluminación digital, en la creación con el mínimo referente a lo real el digital tiene un dominio absoluto, pues entonces allí desarrolla todo su universo auto referenciado de idealismo platónico.

Sin embargo, la imagen analógica para existir necesita de lo real, contrastarse y relacionarse con todos los elementos que se muestran y aún sin comprenderlo, es capaz de apresar una realidad en la vivimos sumergidos que es analógica, impredecible y arraigada en el caos. En el origen de la imagen fotográfica analógica está el uso, el desarrollo que todos los fotógrafos contribuyeron a crear, experimentando, contrastando y errando. A medida que tanto el analógico y especialmente el digital se han separado de los fotógrafos que “usan” las cámaras para captar el mundo, éstas se convierten no en herramientas sino en objetos mismos de conocimiento y así los foros se llenan de discusiones técnicas sobre resolución, gamma y tantos y tantos parámetros que sólo adquieren su justo sentido en manos de aquellos fotógrafos a los que no condiciona.

En una cámara analógica cualquiera puede identificar las piezas, por donde pasa la película, se distinguen los engranajes, los rodillos, la ventanilla por la que corre la emulsión, frente a una cámara digital que sólo pueden entender los “especialistas”, élite del conocimiento que acaban creando cámaras “matematizadas”, cada vez más ideales, y por tanto cada vez más incapacitadas para representar el mundo y su verdad en imágenes, pero si cada vez más potentes para crear un mundo propio desligado de cualquier realidad que no sea la que le es propia. No deja de ser significativo el reconocimiento de películas que son recreaciones digitales y que llevan a la cumbre a esta tecnología, véase sino 300, Sin City y tantas otras. A través de lo digital estamos idealizando la realidad hasta hacerla desaparecer, hasta perder su tiempo y sus correlaciones.

En muchas ocasiones, cuando he rodado documentales en lugares donde la pobreza y la miseria son la norma, me he preguntado cómo hacer para que la cámara digital no embellezca aquello, y lo desvirtúe hasta el punto de crear algo distinto, que es lo que ocurre normalmente dejando “actuar” a la cámara. Crear imágenes digitales que nos remitan a lo real requiere mucho trabajo, horas y horas delante de cámaras y monitores, además de procesos de iluminación mucho más complejos durante el rodaje que en analógico.

Parafraseando a A. Bazin, hay “dos tipos de directores de fotografía, los que creen en la realidad y los que creen en la imagen”, para estos últimos los sistemas digitales son una herramienta formidable en su capacidad transformadora, sin embargo para los primeros resulta insuficiente y la imagen digital se muestra como herramienta tergiversadora de la realidad que maneja. Lo digital muestra cierto desdén hacia lo que mira, tomándolo como un mal menor y necesario como origen para su desarrollo. El director de fotografía instalado en lo analógico vive inmerso en la realidad, está rodeado de forma inmediata por todo aquello que mira y que tiene su prolongación de forma natural en la emulsión fotográfica. El director de fotografía que cree en la realidad se deja ver por ésta, quedando atrapado en cada lugar por sus luces y sus sombras naturales, por el “aire” que allí se respira y que luego trata de llevar a la pantalla. Para este fotógrafo la emulsión analógica es su mejor aliado, pues se convierte en extensión propia del que mira y de lo que se mira.

El director de fotografía no es un científico, tampoco un técnico, no piensa en los fotones que llegan a la emulsión o los sensores, piensa en y con la luz, que en su imposible cosificación cae sobre las superficies, los objetos y los rostros. Respirar la luz y la sombra, y como se muestran a nuestro ojo, el de cada uno. Es más sencillo trasladar dicho respirar a la emulsión fotográfica que a la cámara digital, y no sólo por las cuestiones técnicas sino fundamentalmente porque la emulsión siendo analógica participa del modo de ser del mundo y de nosotros mismos. En su imperfección, concreta y real, reside su extraordinaria capacidad para representar el mundo. Por el contrario, el digital con su idealización matemática nos aparta de lo real para crear una imagen propia, desligada de lo fotografiado y que manipulada una y otra vez, adquiere entidad propia.

Me asombra cómo hay quien puede evaluar la interpretación de un actor, la luz o el maquillaje de un rostro a través del “monitor”, de un video digital que crea una imagen sobre lo real, a la que usurpa su verdad para convertirse ella misma en mensaje (aparte de que se vea mejor o peor técnicamente). Cuando uno está al lado de la cámara está pensando visualmente, sintiendo lo que respira el actor delante de la misma y todo lo que alrededor sucede y que también construye la imagen. Mirar por una cámara de cine es un mirar analógico. Cuando se mira por una cámara digital se ve ya una representación de la realidad, a través del visor electrónico y con ello una representación codificada y estructurada desde lo racional/técnico/científico, de ahí a veces la frialdad que se siente la mirar por esos visores, tanto que cuando ruedo en digital miro con el otro ojo para no perder las sensaciones y valores analógicos de lo que tengo delante.

Con todo, no hay que ver en la digitalización del mundo lo contrario a lo analógico, sino un paso más hacia cierto idealismo platónico, un logro sin precedentes del pensar racionalista inaugurado por Descartes. Una evolución de lo analógico sobre la senda tecnológica que al parecer nos aleja cada vez más de la realidad natural pero que por el contrario crea un mundo cada vez más humano y propio. Quizás sea un camino que nos lleve a la desaparición de la imagen y el arte que ésta es capaz de mostrar, pues renunciar a la realidad conlleva olvidarnos de lo otro y de los otros, y acabar sencillamente utilizándolos para la expresión propia más subjetiva. Es posible que seamos capaces de imitarnos a nuestra propia imagen y semejanza, a través de la imagen digital, pero aún no sabemos el precio que vamos a pagar por ello, ¿o si?
6/119
Comparte esta noticia  
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (6)   No(2)

Foro(s) asociado(s) a esta noticia:

  • Mirada analógica, imagen digital. Inquietudes pixelianas

    Últimos comentarios de los lectores (5)

    48 | PLATANO CON ALAS - 24/07/2010 @ 09:02:54 (GMT+1)
    Como comentario, la pelicula son granos de plata y quimicos, los digitales solo son datos, o sea, 0 y 1, que crees que sea mas real ?
    47 | PLATANO CON ALAS - 24/07/2010 @ 05:51:23 (GMT+1)
    UN ULTIMO COMENTARIO, LA PELICULA USA EMULSION DE PLATA, O SEA CAPTA LA REALIDAD, LA CAMARA DIGITAL SOLO SON CODIGOS NUMERICOS.
    46 | PLATANO CON ALAS - 20/07/2010 @ 23:04:54 (GMT+1)
    Les quiero hacer un comentario, tengo varias camaras para fotos 35 mm (PENTAX y NIKON), una de 6×9 (es una ZEISS IKON) y otra de 6×6 (PENTAX), y otras digitales de hasta 12 mega pixeles, como comentaron, lo unico que tienen las digitales es la facilidad de usarlas y no tienes que hacer revelados de peliculas, ampliaciones, pruebas, etc, etc.

    Cuestión de enfoques, si les gusta la calidad . . . Si no se fijan en eso, compren una digital y san, se acabo.

    Cuando vean un poster gigante o en una revista una foto padresima, con que tipo de camara creen que se hiso ? . . . . . con una analogica.

    Solo fue mi humilde opinión.
    39 | Negu - 16/05/2010 @ 02:17:14 (GMT+1)
    Decir que la película es lo más aproximado a lo real me parece un poco...mmm, no sé. Tanto el digital como el analógico son representaciones de la realidad, porque el fabricante de película tambien configura los componentes de su producto consiguiendo así diferentes resultados. Según el tipo de película, tendremos grano mas fino, mas o menos saturación, mejor comportamiento a espectros de color...hay mucha diferencia entre una película blanco y negro, una kodakrome y una fuji pro 400. El digital consigue lo mismo a través de 1 y 0.
    Lo que importa es transmitir, ya sea mensaje o emociones.
    Creo que en el mundo de la imagen el fin justifica los medios.
    33 | joseba1 - 15/04/2010 @ 17:28:30 (GMT+1)
    Estando muy deacuerdo contigo sobre que el analógico representa mejor la realidad intrínseca de aquello captado. Pero no dejo de pensar que desde siempre se ha intentado ir un grado más allá o más acá, según se mire, dentro de lo analógico. Y tanto en fotografía como en cine, se han buscado emulsiones que cambiaran la percepción de lo real por otra menos usual, más llamativa etc... O bien con el uso de las luces o bien con el etalonaje, etc... Porque en sí mismo, lo análogo decía bien poco o Decía algo que se repetia. Proque cada director de cine, o fotografía siempre ha querido imprimir su huella. Su particular visión gráfica de los acontecimientos etc... Porque pagar para ir a ver lo más parecido a la realidad al cine, poco interés tiene, salvo por rescatarlo del olvido y redescubrirlo nuevamente. Pero sería objeto de consumo y caducidad como cualquier otra corriente de tipo "300" o "Sin City" o "Amelie."
    Además, para palpar la realidad ya está nuestra vista que hace las veces de huella de esa realidad tamizada, eso sí, por la circunstancia del día y que establece analogías más parejas.
    El digital, nos permite ver otras mentiras, o realidades personales, según se mire, o ambas... Y esto ya no aburre tanto. Es cierto que en el digital, se corre un peligro tremendo, que es pensar que tal o cual corriente colorimétrica es el camino a seguir. Pensar que esa es una realidad, es un grabe error y estoy deacuerdo contigo al 100%. En todo caso podrá ser una farsa que guste, pero nunca una realidad. A lo peor, lo único que termine importando es impresionar una breve fracción de tiempo y aprobecharlo para ser rentable. Triste pero cierto. Menos mal que de vez en cuando, aunque sea en digital, ter encuentras con gente capaz de transmitir belleza através de la simpleza y lo cotidiano en el cine. Sobre todo en el cine indie, protesta etc...
  • Comenta esta noticia



    Normas de uso
    • Esta es la opinión de los internautas, no de Cameraman - Revista tecnica cinematografica
    • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
    • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
    • Su dirección de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.