Carlos Sorín es una figura clave para entender el traspaso de poderes que en el cine argentino se ha producido de una generación de cineastas que privilegiaba la palabra, el discurso, sobre todo lo demás (Aristaráin, Campanella, Piñeyro), a otra que, sin perder de vista la narración, reivindica el estatuto prioritario de la imagen (Trapero o Lucrecia Martel). Conversamos con el director porteño en la Sala Cortázar de la Casa América, acerca de su última película, El gato desaparece, y también acerca de su peculiar método de dirección de actores, de su relación con la fotografía y de la indefectible instauración del cine digital.